domingo, 22 de abril de 2018

¿Cuándo? #poema

¿Cuándo quitará
el cuervo su luto,
cuándo terminaremos
de escribir
todos los libros
y tendrá calma
esta sed
de no sabemos qué?

¿Cuándo perderá
el llanto su sal,
las puertas sus cerraduras,
su pereza
las mañanas
y el miedo
nuestros hijos?

¿Cuándo serás tú,
seré yo?
¿Tú y yo, cuándo
seremos nosotros?


domingo, 8 de abril de 2018

Cierto parque #poema

En medio del asfalto y el cemento
tengo cierto parque
en cierta ciudad,
con su verde tranquilo
y su memoria
de cuando yo era promesa
de lo que no se cumplió.

Cierto parque que sabe
y calla
porque el silencio
es su lenguaje y su arte.

No pido a sus tardes
ni a su fuente
nada distinto de lo que me dan:
hojas que crecen y caen,
un hilo de agua
y griterío infantil.

En medio del asfalto y el cemento
a su verde tranquilo acudo
en busca de treguas,
breves pero treguas,
en la guerra que voy a perder
contra cierta ciudad.

Iñigo Ruiz en los VII Jóvenes Flamencos (2018)




sábado, 31 de marzo de 2018

Vieja casa #poema

Nado por tus habitaciones
y tus armarios,
una y otra vez,
entre minutos y meses.

Al salir a la calle
te miro
como si me mirara a mí,
grises muros llenos de amor,
vacíos de color.

Vieja casa en la que crecen
mis niños,
quisiera escribirte un poema
y me sale este algo nostálgico,
como si ya hubiera perdido
lo que perderé.

Mis niños anticipan distancias
y esquinas de tiempo
que quedarán dobladas
cuando se ausenten de ti,
vieja casa,
y de mí.

sábado, 24 de marzo de 2018

El cante no es industria #poema

Recibo tu cante
como un golpe acumulado,
campana y sangre
de aroma doloroso.

Llega de una garganta embarrada,
de una habitación llena de muertos
que no pueden dejar de temblar
sin moverse.

Yo recojo tu grito
como no lo recoge nadie
y me limpio la sombra
con tu agua turbia de adelfas.

El cante no es industria,
es llanto,
alegre o triste,
pero llanto.

Segunda persona del singular #poema

Caminan por las calles
las camas y los días
tantas mujeres
con sus historias a cuestas.
Mujeres planeta,
mujeres quizá, mujeres tiempo.

Van de su corazón a la rutina
y al revés,
las veo pasar, hablo con ellas,
comprendo su fuerza,
la altura de su mirada
y hasta la hondura
de su llanto o su risa.

Pero ninguna eres tú.
Y yo tengo debilidad,
entre los pronombres personales,
por la segunda persona del singular.

domingo, 25 de febrero de 2018

La vieja higuera

(Evocación de Berango)
Cortaron la vieja higuera a la que me subía cuando niño, acompañado de otros niños, para hincharme de felicidad e higos. Cuando me subía a aquel árbol, cuando todavía niño y ajeno aún a las metáforas femeninas de su fruto, la vida y el mundo eran redondos —ahora una es espinosa y el otro achatado por los polos—.
La calle era mucho más grande entonces, el barrio era una inmensidad de distancias y amigos, las tardes de verano eran elásticas. La vuelta al lugar donde tanto reí, era previsible, me dejó clavado cuando noté su falta. Un breve apelotonamiento de hierbas ocupa el lugar donde mi vieja higuera había estado tantos años atenta a las estaciones, cumpliendo su mandato vegetal y milenario.
¿Qué habrá sido de su madera, de sus hojas y de sus frutos que nadie comerá?
Cortar una higuera debe de ser algo perfectamente rutinario para quien maneja motosierras. Lo mismo serán nuestras infancias para el tiempo. Quiero decir que el tiempo, tan aficionado a pasar, cortó mi infancia en un ejercicio perfectamente rutinario.

jueves, 22 de febrero de 2018

A solas con José Monje

Cuando me quedo a solas
con José Monje es todo
como una madrugada rota
de un cielo tan triste que tiene alma.

Llueven yunques
que se precipitan
con deleite homicida
sobre la cal de mis viejas paredes.

El corazón se agita
y pide clemencia
para los mil animalillos acobardados
que abandoné un día en la calle.

Cuando rabia Camarón
la piel aguanta pero por dentro
soy sangre revuelta,
sangre, sangre, sangre.

viernes, 16 de febrero de 2018

Un suponer #poema

Yo debería haber caído ya
en el abismo minúsculo
de la minúscula
rutina;

haberme perdido sin remedio
en el pasillo de las conservas,
sin ofertas,
de algún supermercado.

Debería haber pagado
mis deudas del alma
cayendo como caen
los gorriones ciegos.

Yo debería haber caído
por debajo de vosotros
y no entiendo por qué
no ha ocurrido aún.

A no ser, claro,
que siga en pie
por tu amor y tu mirada.
Es un suponer, nada más.

lunes, 16 de octubre de 2017

Fui a tu casa, Miguel, pero no lloré


Este verano, Miguel, fui a ver tu casa. No estabas. Ya me lo habían dicho. También dicen que te has muerto y será verdad, aunque es mentira que estés en un cementerio. Estás en algunos libros y en algunas verdades. Tú estás a mi lado, con los dientes como un abrazo, porque así es como sonríen los hijos de la tierra.
Llegué acompañado de mi soledad a la habitación que compartías con tu hermano y me entraron unas ganas infantiles de llorar. El aire estaba quieto, no se oía balar a tus cabras y la pintura de las paredes y los techos comenzaba a desconcharse con pereza, como si les pesara el tiempo.
No lloré, no pude. Recogí unas migajillas de desamparo que se me habían caído y me marché, sin entender nada pero echándote, todavía más, de menos.