viernes, 5 de abril de 2019

Cuaderno de Senegal


DÍA 0. 'PANGEA'
Senegal está en el extremo más occidental de la tripa de África. Forma parte del bulto enorme de la costa de ese continente que parece alargarse hacia América, como si echara de menos aquellos tiempos remotísimos en los que la tierra emergida era un solo continente, Pangea, antes de que las fallas y las placas tectónicas iniciaran su tarea para meter agua de por medio y crear el océano Atlántico.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Palabras #poema

Yo os convoco, palabras,
dadme abrigo,
acudid a mí esta noche afanosa,
amparo os pido,
protegedme de la bestia
de las evidencias,
de esta realidad que cruje
y me da dolor en el sombrero.

Libradme de la amenaza
de lo obvio,
dadle vuelo a mi lenguaje,
llenad de chispas
el fondo de mi garganta
y decidle a mi corazón
que tiene razón y bondad
cuando canta.

Ayudadme a vestir el silencio
de este verbo crudo,
sujetad la llama,
palabras,
nombrad la vida.

domingo, 7 de octubre de 2018

Diré que es otoño #poema

Este algo gelatinoso
que se esparce por las aceras
haciendo el caminar
ligeramente más pesado.

Esa cancela turbia
con su leve película de óxido
que entorpece el avance
de la llave en el jardín secreto.

Aquella mirada
que soporta un intento más
para no despeñarse hombros atrás
hacia donde anidan los monstruos.

Y yo, que no me atrevo
a medir el aire
que nos separa
por si ha crecido en distancias.

No sé cómo nombrar
este, esa, aquella...
no me atrevo, yo,
así que diré que es otoño.

sábado, 6 de octubre de 2018

lunes, 24 de septiembre de 2018

Plegaria #poema

Dios, si existieras,
si la flor de la cereza
estuviera en mis manos,
si mi voz fuera digna
y el cielo estuviera
preñado de tu piedad...

Dios, si fueras,
yo susurraría a la tierra,
a través de alguna colina rota,
una plegaria simple
para salvar tanto corazón que arde.

Dios, si las palabras bastaran
para cerrar en paz y panes el día,
te pediría clemencia
para los pecadores.
Entre ellos, yo.


miércoles, 22 de agosto de 2018

Campanitas de la aldea

Los cantes flamencos son cantos rodados. Piedras que alguien arroja en el río de la cultura popular y que se van puliendo con los años y con el salto de un intérprete a otro.
Resulta curioso ponerse a escarbar un poquillo en el origen de algunas letras.
Lo hicimos en este blog con un romance y un cante de José Menese.
Os proponemos ahora un nuevo ejercicio de descubrimiento del origen de un cante: Campanitas de la aldea.
El cantaor Manuel González Lora, el Cojo de Huelva, lo hacía por bulerías.

sábado, 16 de junio de 2018

Este mundo raro #poema

Llegamos ayer embriagados por un eco antiguo
de canciones que nos enredaban el pelo
y nos hacían cosquillas en los labios.

La brisa estaba enamorada
de nuestras ropas y era un hábito tuyo y mío
repasar las calles cogidos de la mano.

Hicimos murallas de libros
y aprendimos de memoria
esos poemas que tú sabes.

Creímos que sobreviviríamos
porque estábamos avisados
de la acidez de los limones.

Pero hoy estamos cayendo:
nos habíamos preparado para todo
menos para este mundo raro.

domingo, 27 de mayo de 2018

El cuaderno del desamparo #poema

Tu imagen, piedra antes cuando vivías,
se va deshilando en el hueco
de memoria que me habitas.

El mundo, en este después que es ahora,
parece un salón de baile solitario.

Las palabras se me van despeñando
por las simas que, entre página y página,
surgen en este cuaderno del desamparo.

Levanto la cabeza al cielo
y se me cae encima la mirada,
como un chaparrón viscoso de ojos secos.

En una lápida hay unas letras de metal
con tu nombre, Tomasa,
pero aún no he vuelto a verlas desde aquel día.

Temo que mis preguntas
solo encuentren la respuesta del silencio,
que es el lenguaje de los muertos.

martes, 22 de mayo de 2018

Miradas #poema

Hay miradas sentencia
que pesan como una vida,
miradas distancia
(«mi amor, no me dejes»).

Hay miradas fango
(«mira cómo te quiero y tú no»)
que manchan un grito largo
de tu habitación a la mía.

Hay miradas mañana
(«no me mires, estoy desnuda»)
y sábanas de arena
sobre nuestra cama.

Y encadenadas a tu vientre
(«yo te perdono todo»)
hay miradas de luz verde
que hacen florecer la carne.