lunes, 14 de septiembre de 2020

Amor, amargas #poema

Amor,
era tu contorno dulce
y eras más grande que los días,
ayer de carne satisfecha
que no se cansaba de ser presente.
Las fotografías no estaban aún amarillas
y las manos nos llegaban
desde muy lejos para tocarnos.

Amarga hoy el hoy,
como una caricia herrumbrosa
y allí, quietecita, tirita la esperanza
después de los después
envuelta en una picuda manta de pavor.

Amor, amargas.
Será que fuiste.
Y ya no eres

Septiembre #poema

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa.

Ángel González


Septiembre es un verano
con canas,
un amor
que ha doblado la esquina,
un mirar
lo que se va acabando,
un mes que pide perdón
y no sabe por qué.

Llega queriendo irse,
es un tiempo temeroso
de cola marrón
con una música desafinada
de frío anticipado.

Con prisa me susurra
que no me salvaré
y le miro
a sus ojos de hojas secas
y le grito
que en primavera
recogeré las flores
que llevaré a mi tumba.
Porque yo me sobreviviré.

viernes, 11 de septiembre de 2020

No quería mirarte #poema

No quería mirarte
y te miraba.
No podía querer
y quise.

El mundo se nos ha puesto
del revés
y tú sigues,
como si nada.

Puerto soñado
donde llegar, al fin,
lo que queda de hombre,
para entregar todo y nada.

No fue lo que hiciste,
no fue eso,
fue y es lo que eres,
mujer libre y hermosa,
viento suave,
árbol sereno.

Tú,
eres tú.

martes, 8 de septiembre de 2020

Cuchillo homicida (11)

  CUCHILLO HOMICIDA

Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
11

Querido Leonard:
Soy monárquico de los de Baltasar. A mi rey Mago no le voy a pedir que me traiga nada. Le voy a pedir que se lleve algo, que se lleve mi suciedad. Y el rey me dirá que no puede, estoy seguro, porque esa suciedad es mía, soy yo. Y yo le contestaré que es una mierda de rey y que ni es Mago ni existe. Y él me recordará que tú, Leonard, tampoco existes, y te escribo estas cartas.

Tuyo, el hijo de Isabel

Cuchillo homicida (10)

 CUCHILLO HOMICIDA

Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
10

Querido Leonard:
Volví a Ítaca, agotado del mundo y de mí, feliz de haberme mantenido sereno en mi pavor. Pero había ocurrido lo imposible, lo imposible, sí, la propia Penélope había podrido la cama. No fue necesario que los galanes forzaran nada, ni la traición de las gentes de la casa. No… ella abrió las puertas del dormitorio y buscó quién lo habitara y la habitara, noche tras noche, batiendo con lúbrico empuje un fácil y húmedo pubis. 
Y ahora debo hacerme de nuevo a la mar porque no tengo Ítaca, no tengo Penélope, no tengo descanso. Soy todo duda y deuda. No sé pero debo, debo echarme otra vez a la mar más viejo y más dolorido. Qué más da no saber, Leonard... ¿Por muy sabio que sea, de qué me serviría en la mar, una extensión tan absolutamente salada de conocimiento?

Tuyo, el hijo de Isabel

miércoles, 12 de agosto de 2020

Cuchillo homicida (9)

CUCHILLO HOMICIDA

Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
9

Querido Leonard:
Los que estáis al otro lado del último aliento sabréis muchas cosas, así que quizá sea vanidad mía esto de contarte mis desvaríos dándote lecciones. Pero entre tú y yo no hay secretos y no voy a ocultarte a estas alturas de tinta y papel que tengo un punto de pretencioso ratón de biblioteca. 
Así que, ¿sabes?, te voy a hablar del viejo Jerjes I de Persia. Andaba este hombre en la tarea de conquistar a las belicosas polis griegas, para lo cual mandó realizar un puente sobre un estrecho. El caso es que llegó una tempestad y la obra de ingeniería quedó destruida. Jerjes, gran emperador aqueménida, Jerjes el grande, gobernador de héroes... mandó azotar al mar. Con cadenas y, no sé muy bien a cuenta de qué, echando unos grillos al fondo. Cosas de emperadores en las guerras púnicas, que estaban fatal de lo suyo.
Yo también he querido azotar al mar, liarme a ridículos puñetazos con el mar de mi infancia. Y no lo he hecho, pero sí me he ciscado en sus muertos, he soltado maldiciones y le he preguntado al Cantábrico por qué. Por qué ha guardado silencio, por qué no me avisó de lo que estaban haciendo (los asesinos de un corazón) cerca de mis playas amadas. Por qué me dejó volver a él desde las tierras del Ebro para que finalmente ellos pudieran mancharlo todo. Mancharlo todo, tan fácil...
Leonard, le he perdido el respeto a mi mar. Y eso es una de las peores cosas que te pueden ocurrir en la vida.

Tuyo, el hijo de Isabel

sábado, 8 de agosto de 2020

Cuchillo homicida (8)

 CUCHILLO HOMICIDA

Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
8

Querido Leonard:
A ti, que estás hace tiempo entre quienes no se preocupan del tiempo, tengo que pedirte que me recuerdes todas las mañanas que nací para amar. Sabes de sobra que me faltan fuerzas (lo sabes porque estás dentro de mí, sobre mí, ante mí o... algo relacionado con mí) y que últimamente el amor se me ha llenado de llagas y que por llagas me refiero rabia, miedo y pena. Se le ha quedado a mi amor por la vida una cara rabiosa, temerosa y apenada, caretas impropias y sorprendentes en quien busca entregarse para recibir.
Recuérdame para lo que nací, para lo que me nacieron, para lo que me miran y me hablan cuantos a mi alrededor tienen ojos y boca. Y sigue en mí, querido Leonard, cuando mis pasos opten por uno de los posibles caminos que ahora intuyo.

Tuyo, el hijo de Isabel

martes, 21 de julio de 2020

Cuchillo homicida (7)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
7

Querido Leonard:
Creo que ya te lo escribí alguna vez pero ya sabes que los malos poetas nos repetimos, así que no me lo tengas en cuenta. Me refiero a eso de que cuando uno se sube a un ring y boxea ya nunca vuelve a ser el mismo, porque se te queda alma de boxeador. Ese miedo que pasas en el vestuario, después cuando estás calentando y al subir finalmente a golpear y que no te golpeen, es un miedo que es pura sabiduría. Por eso no creo en ese tópico del 'noble arte', sino en algo más profundo, en una lección que te impone tu miedo.
En mi caso, mi miedo está poblado de tres sombras que me acompañan y me susurran, no podía ser de otra manera, palabras ensombrecidas por encima del hombro. Ahora, con el paso del tiempo, he podido iluminar su tiznada cara y he podido conocer sus nombres: miedo, rabia y pena. 
Últimamente he estado entrenando en soledad. En realidad, mi entrenamiento era y es un combate contra mis tres sombras, que nunca faltan a su cita. He sentido su presencia física, he lanzado desesperados golpes al aire tratando de derribarlas y ellas se han reído de mí porque no es posible derribar lo que está dentro de mí mismo. 
Pese a todo, como dijo Miguel -me repito otra vez- "hay un rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida". Y no he dejado de lanzar golpes. Y ellas no han dejado de reírse. Sigo sin vencerlas, pero ellas a mí tampoco.

Tuyo, el hijo de Isabel

jueves, 16 de julio de 2020

Y venceré #poema

Estiro la mano
por el aire negro
hacia mañana,
como si me fuera
la vida en ello
porque, es cierto,
me va la vida en ello
y llevo demasiados siglos
de vientre en vientre,
de llama en llama,
para oscurecerme ahora.

Voy a alcanzar
con la punta de mis dedos
la tibia luz,
voy a tocar el destello
breve de la felicidad,
acariciaré la luz
para ser luz.

Rayo solitario
que me llamas
desde el fondo de la noche,
a ti voy desesperado
para beber tu esperanza,
espérame, brilla,
sigue guiando
mi altura morena.
Tú sabes que no me faltan
bondad ni valentía.

Roturas, vinagres,
vientos sucios,
podridas dentelladas,
palabras innecesarias,
llanto, enorme llanto
inacabable...
¡Atrás, lejos,
empequeñeced!
La luz que soy
y seré os vencerá.
Y venceré.

martes, 14 de julio de 2020

Todavía no #poema

Esta noche les hablaré
a mis muertos
y otra noche más
me responderá un rumor
ácido y roto.

A mi alrededor
todo será vértigo y llanto,
la lengua de la traición
me abrazará los pulmones
con su tacto áspero,
con su lento filo.

Muertos míos, esta noche 
os hablaré otra vez 
y vuestra repetida respuesta será:
"Todavía no".

domingo, 14 de junio de 2020

Hemos vivido #poema

Hemos vivido horas, 
ratos, semanas
prescindibles,
desechadas
como un helado derretido.

Hemos sido alegría
desbordada,
infantil
y envidiada.

Hemos crujido en infiernos
pequeños e íntimos,
con un dolor ancho
de océano.

Y ahora toca aprender
que el sol
se pone y sale
incluso si tú y yo
ya no somos
primera persona del plural.

viernes, 5 de junio de 2020

Cuchillo homicida (6)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
6

Querido Leonard:
¿Sabes quién es Amadeo Gracia o Juan Ayala? Hablé de ellos en un libro que hice con mi hermano sobre la Guerra Civil. Creo que te hubiera gustado ese libro de haberlo leído o que, al menos, hubieras sido amable conmigo y me habrías dicho que te gustaba.
Amadeo Gracia y Juan Ayala aparecían en este libro porque fueron, en cierta medida, una pequeña luz de esperanza y bondad en todo aquel despropósito en el que se metió España hace tantas décadas. 
Amadeo perdió a su madre y una pierna cuando era un niño y tuvo que atravesar los Pirineos con su padre y sus dos hermanos camino del exilio francés. Su padre también murió poco después y él acabaría regresando a nuestro país al de unos pocos años. Mi hermano y yo le visitamos, ya anciano, en su casa de Alcalá de Henares, donde nos recibió con sencilla bondad y ausencia de resentimiento; pudimos darle un abrazo que nos supo a reconciliación. Fue muy emocionante.
¿Y Ayala? Pues, Leonard, Ayala fue un maquis en Cantabria que dejó pasar la oportunidad de matar en una emboscada a un guardia civil y, después, cuando le preguntaron que por qué le había dejado escapar, dijo:
¿Tú sabes lo que cuesta hacer un hombre para que venga un hijoputa y lo mate? 

Tuyo, el hijo de Isabel

sábado, 23 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (5)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
5

Querido Leonard:
Nací para lo que nací y por eso no puedo evitar andar pendiente de las angustias de mi gente. Una de las cosas que más me descorazonan es no poder dar alivio, no servir, no poder devolver a un petirrojo a su nido. Quizá esto no sea, en el fondo, más que una especie de vanidad de quien pretende ser siempre y en toda hora un buen samaritano, aunque no haga falta, aunque no les haga falta, aunque a los míos les venga mejor que me aleje.
Pero es que, Leonard, yo escribo, camino, amo y vivo para ser puerto seguro, abrigo de la nave que busca amparo en el océano rabioso, luz de hogar que reconforta, lugar al que acudir cuando las bestias muerden el costado. Y no sé ser otra cosa. Y moriré pendiente de todos, porque, como le pasaba a Miguel, a mí también me atormenta un amor por todo. 

Tuyo, el hijo de Isabel

martes, 19 de mayo de 2020

Mira cómo vengo #poema

Si supieras respirar
sin filos de navaja,
te acunaría con sábanas
que me he cosido
de truenos y amargura.

Si tu mirada
no asesinara gorriones,
te dejaría tocar
el vientre delicado
de mi espanto.

Si pudieras tocar mi corazón
sin ensuciarlo,
te dejaría entrar
como entra la primavera
en la raíz de los almendros.

Mira cómo vengo,
mira qué grito tan largo,
no sé qué camino es este
pero empiezo a comprender
lo que soy.

martes, 5 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (4)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
4

Querido Leonard:
No es que yo sea más grande, ni más bueno que otros. Es que soy más vergonzoso. Entiéndeme, lo digo en el sentido de que me da vergüenza caer cuando otros se mantienen en pie a pesar de las heridas, en pie pegando dentelladas de esperanza frente a los jirones de noche que les muerden el costado. No me siento en condiciones de echarme a un lado y dejarme morir cuando otros siguen adelante construyendo dignos caminos de derrota.
Pertenezco a una estirpe de hombres buenos, Leonard, hermosos y dolidos retoños de Granada, agua caudalosa y fecunda de las acequias, tierna sonrisa que ninguna traición, por muy criminal e íntima que sea, logrará borrar del todo.
Yo sé que tú nos conoces bien, Leonard, y que siempre nos has sonreído como sonreías al ver volar los gorriones.

Tuyo, el hijo de Isabel

viernes, 1 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (3)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
3

Querido Leonard:
Pobre Efialtes. Tuvo riquezas de Asia, mujeres, placeres delicados y un corazón oscurecido que le latió en el pecho traidor durante muchos años. Es un castigo duro la culpa, porque tarde o temprano te alcanzas con ella por mucho que trates de huir.
Su miserable traición permitió la gloria de los trescientos y al buen Leónidas cumplir la vieja profecía por la que un rey de Esparta debía morir para salvar a los aqueos. Cayeron el rey y la flor y nata de Esparta en las Puertas Calientes en feroz lucha. Y vivió Efialtes muchos años con el recuerdo de sus buenos, bellos y valientes hermanos. Vivió muchos años malo, feo y cobarde.
Leonard, pobre Efialtes, digno de lástima él y cuantos traicionan, porque quien traiciona siempre se traiciona a sí mismo.

Tuyo, el hijo de Isabel

lunes, 27 de abril de 2020

Cuchillo homicida (2)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
2

Querido Leonard:
¿Sabes, Leonard? Mi abuela y mi madre ya me defendían de la muerte antes de que yo naciera. Me lo contó el otro día mi madre. En pleno embarazo, empezó a tener pérdidas y el riesgo de aborto natural era muy alto. Me imagino su miedo, supongo que parte de ese miedo se quedó desde entonces en lo más profundo de mi alma, heredado a través del cordón umbilical llegó a ese feto que era yo. Le dijeron que tenía que guardar reposo absoluto y así lo hizo. Y mi abuela, ya sabes, la buena y brava Tomasa, se pegó a su cama y no la dejó moverse durante más de diez días.
Allí estaban estas dos mujeres, pendientes de salvar aquella vida en peligro que era yo, duras y tiernas, esperanzadas y pensando en lo peor.
Está claro que sobreviví, que nací, que aprendí a leer y escribir, que tuve dos hijos y que me gusta escribirte cartas contándote mis cosas.
Ahora que todo es naufragio, Leonard, ahora que pienso en el daño que hacen algunas, recuerdo a Isabel y Tomasa, peleando por mí antes de que yo existiera... y sé que tengo una deuda moral y de sangre con ellas. Porque su hijo y su nieto está obligado a levantarse, siempre, una vez más de las que caiga.

Tuyo, el hijo de Isabel

viernes, 17 de abril de 2020

Soles de julio #poema

Paso entre vosotros
con voluntad
tierna y delicada,
atento a vuestros caminos,
enamorado de vuestra altura.

Me siento parte de todos
porque vuestro latido
es una melodía anchurosa
y eterna
en la que algo de mí
no morirá jamás.

Cuando os falte
recordadme
como la suave
luz de una tarde de abril,
que no llega a calentar
pero habla y anticipa
los sólidos soles de julio.

sábado, 4 de abril de 2020

Cuchillo homicida (1)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
1

Querido Leonard:
Te dije para despedirme, Leonard, entre gorriones y sombreros, que no cantaras aún derrota. Hoy vuelvo a coger la pluma y a sumarte nuevas palabras para desdecirme porque, sí, puedes cantar —desde tu más allá a mi más acá— una larga y amarga derrota.
Quiero hablarte en primer lugar, en esta primera carta, de mi viejo entrenador de boxeo. Se llama Narciso, pero no tiene ni tuvo nada de vanidoso... el nombre es un accidente en un hombre como él. Vino a verme el último día del año 19. Y me miró otra vez como tanto tiempo atrás. Pocos ojos como los suyos me han dado altura, limpieza, pocos ojos han observado así al muchacho valiente que fui, un muchacho que pensaba que nadie le iba a traicionar y que la vida era posible.
Me he vuelto muy atontado con la edad, bastante, las cosas como son, pero no tanto como para no darme cuenta de la enorme fuerza que siempre han tenido los pequeños ojos de mi viejo entrenador de boxeo.
Apareció, regresó a mí una mañana extraña, ya te lo he dicho, del último día del año 19. No entendí por qué volvía a mí de aquella manera tan sorprendente. Me trajo su charla, su sonrisa, su nariz de Góngora; hablamos y paseamos junto al mar de Castro-Urdiales, contenidos y entregados como solo pueden hacerlo dos viejos boxeadores que no llegaron a nada. Me trajo un vídeo de mi combate en el campeonato de España del año 2000, un vídeo en el que estaba joven, bello, aterrado pero valiente para afrontar una derrota que me partiría en dos.
Este último día del año me preguntaba, tras despedirme de mi entrenador al que hacía tantísimo tiempo que no veía, qué sentido tenía que apareciera de nuevo en mi presente.
Ahora lo sé, Leonard. Vino a recordarme cómo han sido capaces de mirarme algunos ojos bondadosos. Y vino a recordarme que fui un muchacho muerto de miedo con valentía para afrontar una derrota que me partió en dos.
Me hacía falta que me recordara eso, sí, porque meses después una mujer se durmió y, siendo un hombre y no un muchacho, una cuchillada homicida y mecánica me partió en dos. Y, sí, quedé muerto de miedo.

Tuyo, el hijo de Isabel

Tendré que regresar #poema

Todos estos años
me esforcé en ser fuerte,
bello y bueno,
pero no ha sido suficiente
y no tengo más
y no puedo seguir sonriendo.

Voy de un silencio a otro
como un niño solitario
en el patio del colegio,
dando insistentes patadas
a un absurdo corazón
hondamente maltratado
que late sin sangre.

La música y la luz
quedaron más allá
de aquel sábado por la tarde
y soy muy pequeño
y estoy muy cansado.

Yo no pude permanecer inmóvil
ante la muralla,
ante la amenaza de la carne destrozada
y el miedo a la herida segura.
¿De qué me hubiera valido
sobrevivir sin daño
si no lo hubiera intentado todo?

Acuchillé una niebla de silencio
y escuché lo que no quería,
me llegó una primera sílaba de verdad
que reventó en chorro creciente
de duras certezas,
de duros océanos.
Preví el naufragio,
supe lo que sé,
me ahogué y mereció la pena.

Vivo en la República de la rabia,
conozco bien lo fundamental:
la tristeza deja hilos de sal
por donde pisaron los gorriones
que después alzaron el vuelo.

Tendré que regresar
a mí y mis contornos
por la senda del dolor,
lejos de abril,
las higueras lejos,
las yeguas cegadas,
baldíos los vientres.

martes, 31 de marzo de 2020

Aunque ahora no lo crea #poema

Aunque ahora no lo crea,
recuerdo que la vida era posible,
que salía a caminar por el paseo de la playa
y me paraba a ratos a mirar
el monótono romper de las olas,
que estaba convencido de que las nubes del cielo
ensayaban para mí
sus miles de caprichosas formas,
que la tierra olía como olía
después de caer la lluvia
para entregarme a mí esa fragancia milenaria,
que el viento solo se encabritaba
por hacerme rabiar un poco,
que el murmullo de los chiquillos
en los patios de los colegios
era una sinfonía infantil
interpretada a mi paso y mi ánimo.

Aunque ahora no lo crea,
recuerdo que sonreía al verte sonreír.

No lo creo, pero creeré que todo lo ido volverá,
distinto, todo nuevo
en nuestros nuevos corazones.

sábado, 28 de marzo de 2020

Como una fruta desparramada #poema

Mis ojos vieron
lo que no querían ver,
la boca arrugada
de la tarde
cuando se va haciendo noche
y un gorrión maltratado
los domingos
en una playa cantábrica.

Vieron al viento
pegando lametones de estiércol
a un falo extraño,
mecánicas palabras
convirtiendo en caramelo
el hierro de las rejas
y aullidos de deseo
enlatados en una pantalla.

Vieron mis ojos la verdad,
vieja desnuda,
terrible vieja de tetas arrugadas
y sexo polvoriento.

Vieron lo que no querían
ver mis ojos,
después volvieron a mí
dos esferas huecas.
Y el corazón se me abrió
como una fruta desparramada.

lunes, 20 de enero de 2020

Isis

Para mi hermana
Océano de genio,
a veces creo
que todo amanece
para verte y que lo veas.

Después de estar contigo
quedamos los hombres
tu hermano entre ellos
delicadamente heridos…

nos va y viene
la sangre buscando
la salida al mismo
aire que te toca.

Quisiéramos
dejarnos ir a tu pelo,
por tu pelo,
vivirte
y vivir en ti.

sábado, 18 de enero de 2020

Aquel adiós

¿Te acuerdas, abuela, de la última vez que nos vimos? Estabas muy malherida en una cama de hospital cuando entré y me quedé de pie, observándote. Tú y yo solos, como tantas otras veces, pero tan distintos. No podías ni siquiera escucharme porque habías empezado a bailar el quieto vals de los moribundos. Te hablé. Te di unas gracias roncas por haberme cuidado, por haber sido mi abuela, por haberte conocido, mi Tomasa valiente. Que podías ir tranquila, que conmigo habías cumplido, eso también te dije. 
Y el llanto, lleno de pasados, se me despeñó por los ojos resumido en dos lagrimones que acabaron reventados en el suelo, como una humilde ofrenda a los viejos dioses del hambre y la rabia. Después marché y te dejé a las puertas de la noche insondable.
Unas horas después me llamó tu hija, mi madre, para decirme que habías muerto.