domingo, 14 de junio de 2020

Hemos vivido #poema

Hemos vivido horas, 
ratos, semanas
prescindibles,
desechadas
como un helado derretido.

Hemos sido alegría
desbordada,
infantil
y envidiada.

Hemos crujido en infiernos
pequeños e íntimos,
con un dolor ancho
de océano.

Y ahora toca aprender
que el sol
se pone y sale
incluso si tú y yo
ya no somos
primera persona del plural.

viernes, 5 de junio de 2020

Cuchillo homicida (6)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
6

Querido Leonard:
¿Sabes quién es Amadeo Gracia o Juan Ayala? Hablé de ellos en un libro que hice con mi hermano sobre la Guerra Civil. Creo que te hubiera gustado ese libro de haberlo leído o que, al menos, hubieras sido amable conmigo y me habrías dicho que te gustaba.
Amadeo Gracia y Juan Ayala aparecían en este libro porque fueron, en cierta medida, una pequeña luz de esperanza y bondad en todo aquel despropósito en el que se metió España hace tantas décadas. 
Amadeo perdió a su madre y una pierna cuando era un niño y tuvo que atravesar los Pirineos con su padre y sus dos hermanos camino del exilio francés. Su padre también murió poco después y él acabaría regresando a nuestro país al de unos pocos años. Mi hermano y yo le visitamos, ya anciano, en su casa de Alcalá de Henares, donde nos recibió con sencilla bondad y ausencia de resentimiento; pudimos darle un abrazo que nos supo a reconciliación. Fue muy emocionante.
¿Y Ayala? Pues, Leonard, Ayala fue un maquis en Cantabria que dejó pasar la oportunidad de matar en una emboscada a un guardia civil y, después, cuando le preguntaron que por qué le había dejado escapar, dijo:
¿Tú sabes lo que cuesta hacer un hombre para que venga un hijoputa y lo mate? 

Tuyo, el hijo de Isabel

sábado, 23 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (5)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
5

Querido Leonard:
Nací para lo que nací y por eso no puedo evitar andar pendiente de las angustias de mi gente. Una de las cosas que más me descorazonan es no poder dar alivio, no servir, no poder devolver a un petirrojo a su nido. Quizá esto no sea, en el fondo, más que una especie de vanidad de quien pretende ser siempre y en toda hora un buen samaritano, aunque no haga falta, aunque no les haga falta, aunque a los míos les venga mejor que me aleje.
Pero es que, Leonard, yo escribo, camino, amo y vivo para ser puerto seguro, abrigo de la nave que busca amparo en el océano rabioso, luz de hogar que reconforta, lugar al que acudir cuando las bestias muerden el costado. Y no sé ser otra cosa. Y moriré pendiente de todos, porque, como le pasaba a Miguel, a mí también me atormenta un amor por todo. 

Tuyo, el hijo de Isabel

martes, 19 de mayo de 2020

Mira cómo vengo #poema

Si supieras respirar
sin filos de navaja,
te acunaría con sábanas
que me he cosido
de truenos y amargura.

Si tu mirada
no asesinara gorriones,
te dejaría tocar
el vientre delicado
de mi espanto.

Si pudieras tocar mi corazón
sin ensuciarlo,
te dejaría entrar
como entra la primavera
en la raíz de los almendros.

Mira cómo vengo,
mira qué grito tan largo,
no sé qué camino es este
pero empiezo a comprender
lo que soy.

martes, 5 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (4)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
4

Querido Leonard:
No es que yo sea más grande, ni más bueno que otros. Es que soy más vergonzoso. Entiéndeme, lo digo en el sentido de que me da vergüenza caer cuando otros se mantienen en pie a pesar de las heridas, en pie pegando dentelladas de esperanza frente a los jirones de noche que les muerden el costado. No me siento en condiciones de echarme a un lado y dejarme morir cuando otros siguen adelante construyendo dignos caminos de derrota.
Pertenezco a una estirpe de hombres buenos, Leonard, hermosos y dolidos retoños de Granada, agua caudalosa y fecunda de las acequias, tierna sonrisa que ninguna traición, por muy criminal e íntima que sea, logrará borrar del todo.
Yo sé que tú nos conoces bien, Leonard, y que siempre nos has sonreído como sonreías al ver volar los gorriones.

Tuyo, el hijo de Isabel

viernes, 1 de mayo de 2020

Cuchillo homicida (3)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
3

Querido Leonard:
Pobre Efialtes. Tuvo riquezas de Asia, mujeres, placeres delicados y un corazón oscurecido que le latió en el pecho traidor durante muchos años. Es un castigo duro la culpa, porque tarde o temprano te alcanzas con ella por mucho que trates de huir.
Su miserable traición permitió la gloria de los trescientos y al buen Leónidas cumplir la vieja profecía por la que un rey de Esparta debía morir para salvar a los aqueos. Cayeron el rey y la flor y nata de Esparta en las Puertas Calientes en feroz lucha. Y vivió Efialtes muchos años con el recuerdo de sus buenos, bellos y valientes hermanos. Vivió muchos años malo, feo y cobarde.
Leonard, pobre Efialtes, digno de lástima él y cuantos traicionan, porque quien traiciona siempre se traiciona a sí mismo.

Tuyo, el hijo de Isabel

lunes, 27 de abril de 2020

Cuchillo homicida (2)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
2

Querido Leonard:
¿Sabes, Leonard? Mi abuela y mi madre ya me defendían de la muerte antes de que yo naciera. Me lo contó el otro día mi madre. En pleno embarazo, empezó a tener pérdidas y el riesgo de aborto natural era muy alto. Me imagino su miedo, supongo que parte de ese miedo se quedó desde entonces en lo más profundo de mi alma, heredado a través del cordón umbilical llegó a ese feto que era yo. Le dijeron que tenía que guardar reposo absoluto y así lo hizo. Y mi abuela, ya sabes, la buena y brava Tomasa, se pegó a su cama y no la dejó moverse durante más de diez días.
Allí estaban estas dos mujeres, pendientes de salvar aquella vida en peligro que era yo, duras y tiernas, esperanzadas y pensando en lo peor.
Está claro que sobreviví, que nací, que aprendí a leer y escribir, que tuve dos hijos y que me gusta escribirte cartas contándote mis cosas.
Ahora que todo es naufragio, Leonard, ahora que pienso en el daño que hacen algunas, recuerdo a Isabel y Tomasa, peleando por mí antes de que yo existiera... y sé que tengo una deuda moral y de sangre con ellas. Porque su hijo y su nieto está obligado a levantarse, siempre, una vez más de las que caiga.

Tuyo, el hijo de Isabel

viernes, 17 de abril de 2020

Soles de julio #poema

Paso entre vosotros
con voluntad
tierna y delicada,
atento a vuestros caminos,
enamorado de vuestra altura.

Me siento parte de todos
porque vuestro latido
es una melodía anchurosa
y eterna
en la que algo de mí
no morirá jamás.

Cuando os falte
recordadme
como la suave
luz de una tarde de abril,
que no llega a calentar
pero habla y anticipa
los sólidos soles de julio.

sábado, 4 de abril de 2020

Cuchillo homicida (1)

CUCHILLO HOMICIDA
Nuevas cartas inventadas a Leonard Cohen
1

Querido Leonard:
Te dije para despedirme, Leonard, entre gorriones y sombreros, que no cantaras aún derrota. Hoy vuelvo a coger la pluma y a sumarte nuevas palabras para desdecirme porque, sí, puedes cantar —desde tu más allá a mi más acá— una larga y amarga derrota.
Quiero hablarte en primer lugar, en esta primera carta, de mi viejo entrenador de boxeo. Se llama Narciso, pero no tiene ni tuvo nada de vanidoso... el nombre es un accidente en un hombre como él. Vino a verme el último día del año 19. Y me miró otra vez como tanto tiempo atrás. Pocos ojos como los suyos me han dado altura, limpieza, pocos ojos han observado así al muchacho valiente que fui, un muchacho que pensaba que nadie le iba a traicionar y que la vida era posible.
Me he vuelto muy atontado con la edad, bastante, las cosas como son, pero no tanto como para no darme cuenta de la enorme fuerza que siempre han tenido los pequeños ojos de mi viejo entrenador de boxeo.
Apareció, regresó a mí una mañana extraña, ya te lo he dicho, del último día del año 19. No entendí por qué volvía a mí de aquella manera tan sorprendente. Me trajo su charla, su sonrisa, su nariz de Góngora; hablamos y paseamos junto al mar de Castro-Urdiales, contenidos y entregados como solo pueden hacerlo dos viejos boxeadores que no llegaron a nada. Me trajo un vídeo de mi combate en el campeonato de España del año 2000, un vídeo en el que estaba joven, bello, aterrado pero valiente para afrontar una derrota que me partiría en dos.
Este último día del año me preguntaba, tras despedirme de mi entrenador al que hacía tantísimo tiempo que no veía, qué sentido tenía que apareciera de nuevo en mi presente.
Ahora lo sé, Leonard. Vino a recordarme cómo han sido capaces de mirarme algunos ojos bondadosos. Y vino a recordarme que fui un muchacho muerto de miedo con valentía para afrontar una derrota que me partió en dos.
Me hacía falta que me recordara eso, sí, porque meses después una mujer se durmió y, siendo un hombre y no un muchacho, una cuchillada homicida y mecánica me partió en dos. Y, sí, quedé muerto de miedo.

Tuyo, el hijo de Isabel

Tendré que regresar #poema

Todos estos años
me esforcé en ser fuerte,
bello y bueno,
pero no ha sido suficiente
y no tengo más
y no puedo seguir sonriendo.

Voy de un silencio a otro
como un niño solitario
en el patio del colegio,
dando insistentes patadas
a un absurdo corazón
hondamente maltratado
que late sin sangre.

La música y la luz
quedaron más allá
de aquel sábado por la tarde
y soy muy pequeño
y estoy muy cansado.

Yo no pude permanecer inmóvil
ante la muralla,
ante la amenaza de la carne destrozada
y el miedo a la herida segura.
¿De qué me hubiera valido
sobrevivir sin daño
si no lo hubiera intentado todo?

Acuchillé una niebla de silencio
y escuché lo que no quería,
me llegó una primera sílaba de verdad
que reventó en chorro creciente
de duras certezas,
de duros océanos.
Preví el naufragio,
supe lo que sé,
me ahogué y mereció la pena.

Vivo en la República de la rabia,
conozco bien lo fundamental:
la tristeza deja hilos de sal
por donde pisaron los gorriones
que después alzaron el vuelo.

Tendré que regresar
a mí y mis contornos
por la senda del dolor,
lejos de abril,
las higueras lejos,
las yeguas cegadas,
baldíos los vientres.

martes, 31 de marzo de 2020

Aunque ahora no lo crea #poema

Aunque ahora no lo crea,
recuerdo que la vida era posible,
que salía a caminar por el paseo de la playa
y me paraba a ratos a mirar
el monótono romper de las olas,
que estaba convencido de que las nubes del cielo
ensayaban para mí
sus miles de caprichosas formas,
que la tierra olía como olía
después de caer la lluvia
para entregarme a mí esa fragancia milenaria,
que el viento solo se encabritaba
por hacerme rabiar un poco,
que el murmullo de los chiquillos
en los patios de los colegios
era una sinfonía infantil
interpretada a mi paso y mi ánimo.

Aunque ahora no lo crea,
recuerdo que sonreía al verte sonreír.

No lo creo, pero creeré que todo lo ido volverá,
distinto, todo nuevo
en nuestros nuevos corazones.

sábado, 28 de marzo de 2020

Como una fruta desparramada #poema

Mis ojos vieron
lo que no querían ver,
la boca arrugada
de la tarde
cuando se va haciendo noche
y un gorrión maltratado
los domingos
en una playa cantábrica.

Vieron al viento
pegando lametones de estiércol
a un falo extraño,
mecánicas palabras
convirtiendo en caramelo
el hierro de las rejas
y aullidos de deseo
enlatados en una pantalla.

Vieron mis ojos la verdad,
vieja desnuda,
terrible vieja de tetas arrugadas
y sexo polvoriento.

Vieron lo que no querían
ver mis ojos,
después volvieron a mí
dos esferas huecas.
Y el corazón se me abrió
como una fruta desparramada.

lunes, 20 de enero de 2020

Isis

Para mi hermana
Océano de genio,
a veces creo
que todo amanece
para verte y que lo veas.

Después de estar contigo
quedamos los hombres
tu hermano entre ellos
delicadamente heridos…

nos va y viene
la sangre buscando
la salida al mismo
aire que te toca.

Quisiéramos
dejarnos ir a tu pelo,
por tu pelo,
vivirte
y vivir en ti.

sábado, 18 de enero de 2020

Aquel adiós

¿Te acuerdas, abuela, de la última vez que nos vimos? Estabas muy malherida en una cama de hospital cuando entré y me quedé de pie, observándote. Tú y yo solos, como tantas otras veces, pero tan distintos. No podías ni siquiera escucharme porque habías empezado a bailar el quieto vals de los moribundos. Te hablé. Te di unas gracias roncas por haberme cuidado, por haber sido mi abuela, por haberte conocido, mi Tomasa valiente. Que podías ir tranquila, que conmigo habías cumplido, eso también te dije. 
Y el llanto, lleno de pasados, se me despeñó por los ojos resumido en dos lagrimones que acabaron reventados en el suelo, como una humilde ofrenda a los viejos dioses del hambre y la rabia. Después marché y te dejé a las puertas de la noche insondable.
Unas horas después me llamó tu hija, mi madre, para decirme que habías muerto.