5/10/20
Nunca regresaré de ti #poema
22/9/20
Madre #poema
Tú y yo somos un nombre
hecho camino
por el borde
inconsciente del tiempo.
Cada letra levanta
la tinta y la voz
al infinito
para que la lluvia del Norte
(amada lluvia cantábrica)
reparta en la tierra
y en los hombres
tu amorosa valentía.
Tú y yo somos un nombre
innombrable,
una fiereza de sangre
humildemente interior
como el cuarto donde habita
la memoria de nuestros muertos.
Roca, pan, escalera, casa:
tú y yo somos lo esencial,
una palabra voladora
crecida en el ruido de tus ojos.
Tú yo, ama, tú y yo.
14/9/20
Septiembre #poema
Ángel González
Septiembre es un verano
con canas,
un amor
que ha doblado la esquina,
un mirar
lo que se va acabando,
un mes que pide perdón
y no sabe por qué.
Llega queriendo irse,
es un tiempo temeroso
de cola marrón
con una música desafinada
de frío anticipado.
Con prisa me susurra
que no me salvaré
y le miro
a sus ojos de hojas secas
y le grito
que en primavera
recogeré las flores
que llevaré a mi tumba.
Porque yo me sobreviviré.
11/9/20
No quería mirarte #poema
16/7/20
Y venceré #poema
14/7/20
Todavía no #poema
14/6/20
Hemos vivido #poema
19/5/20
Mira cómo vengo #poema
Si supieras respirar
sin filos de navaja,
te acunaría con sábanas
que me he cosido
de truenos y amargura.
Si tu mirada
no asesinara gorriones,
te dejaría tocar
el vientre delicado
de mi espanto.
Si pudieras tocar mi corazón
sin ensuciarlo,
te dejaría entrar
como entra la primavera
en la raíz de los almendros.
Mira cómo vengo,
mira qué grito tan largo,
no sé qué camino es este
pero empiezo a comprender
lo que soy.
17/4/20
Soles de julio #poema
con voluntad
tierna y delicada,
atento a vuestros caminos,
enamorado de vuestra altura.
Me siento parte de todos
porque vuestro latido
es una melodía anchurosa
y eterna
en la que algo de mí
no morirá jamás.
Cuando os falte
recordadme
como la suave
luz de una tarde de abril,
que no llega a calentar
pero habla y anticipa
los sólidos soles de julio.
4/4/20
Tendré que regresar #poema
me esforcé en ser fuerte,
bello y bueno,
pero no ha sido suficiente
y no tengo más
y no puedo seguir sonriendo.
Voy de un silencio a otro
como un niño solitario
en el patio del colegio,
dando insistentes patadas
a un absurdo corazón
hondamente maltratado
que late sin sangre.
La música y la luz
quedaron más allá
de aquel sábado por la tarde
y soy muy pequeño
y estoy muy cansado.
Yo no pude permanecer inmóvil
ante la muralla,
ante la amenaza de la carne destrozada
y el miedo a la herida segura.
¿De qué me hubiera valido
sobrevivir sin daño
si no lo hubiera intentado todo?
Acuchillé una niebla de silencio
y escuché lo que no quería,
me llegó una primera sílaba de verdad
que reventó en chorro creciente
de duras certezas,
de duros océanos.
Preví el naufragio,
supe lo que sé,
me ahogué y mereció la pena.
Vivo en la República de la rabia,
conozco bien lo fundamental:
la tristeza deja hilos de sal
por donde pisaron los gorriones
que después alzaron el vuelo.
Tendré que regresar
a mí y mis contornos
por la senda del dolor,
lejos de abril,
las higueras lejos,
las yeguas cegadas,
baldíos los vientres.