Caminan por las calles
las camas y los días
tantas mujeres
con sus historias a cuestas.
Mujeres planeta,
mujeres quizá, mujeres tiempo.
Van de su corazón a la rutina
y al revés,
las veo pasar, hablo con ellas,
comprendo su fuerza,
la altura de su mirada
y hasta la hondura
de su llanto o su risa.
Pero ninguna eres tú.
Y yo tengo debilidad,
entre los pronombres personales,
por la segunda persona del singular.
24/3/18
25/2/18
La vieja higuera
(Evocación de Berango)
Cortaron la vieja higuera a la que me subía cuando niño, acompañado de otros niños, para hincharme de felicidad e higos. Cuando me subía a aquel árbol, cuando todavía niño y ajeno aún a las metáforas femeninas de su fruto, la vida y el mundo eran redondos —ahora una es espinosa y el otro achatado por los polos—.
La calle era mucho más grande entonces, el barrio era una inmensidad de distancias y amigos, las tardes de verano eran elásticas. La vuelta al lugar donde tanto reí, era previsible, me dejó clavado cuando noté su falta. Un breve apelotonamiento de hierbas ocupa el lugar donde mi vieja higuera había estado tantos años atenta a las estaciones, cumpliendo su mandato vegetal y milenario.
¿Qué habrá sido de su madera, de sus hojas y de sus frutos que nadie comerá?
Cortar una higuera debe de ser algo perfectamente rutinario para quien maneja motosierras. Lo mismo serán nuestras infancias para el tiempo. Quiero decir que el tiempo, tan aficionado a pasar, cortó mi infancia en un ejercicio perfectamente rutinario.
Cortaron la vieja higuera a la que me subía cuando niño, acompañado de otros niños, para hincharme de felicidad e higos. Cuando me subía a aquel árbol, cuando todavía niño y ajeno aún a las metáforas femeninas de su fruto, la vida y el mundo eran redondos —ahora una es espinosa y el otro achatado por los polos—.
La calle era mucho más grande entonces, el barrio era una inmensidad de distancias y amigos, las tardes de verano eran elásticas. La vuelta al lugar donde tanto reí, era previsible, me dejó clavado cuando noté su falta. Un breve apelotonamiento de hierbas ocupa el lugar donde mi vieja higuera había estado tantos años atenta a las estaciones, cumpliendo su mandato vegetal y milenario.
¿Qué habrá sido de su madera, de sus hojas y de sus frutos que nadie comerá?
Cortar una higuera debe de ser algo perfectamente rutinario para quien maneja motosierras. Lo mismo serán nuestras infancias para el tiempo. Quiero decir que el tiempo, tan aficionado a pasar, cortó mi infancia en un ejercicio perfectamente rutinario.
22/2/18
A solas con José Monje
Cuando me quedo a solas
con José Monje es todo
como una madrugada rota
de un cielo tan triste que tiene alma.
Llueven yunques
que se precipitan
con deleite homicida
sobre la cal de mis viejas paredes.
El corazón se agita
y pide clemencia
para los mil animalillos acobardados
que abandoné un día en la calle.
Cuando rabia Camarón
la piel aguanta pero por dentro
soy sangre revuelta,
sangre, sangre, sangre.
con José Monje es todo
como una madrugada rota
de un cielo tan triste que tiene alma.
Llueven yunques
que se precipitan
con deleite homicida
sobre la cal de mis viejas paredes.
El corazón se agita
y pide clemencia
para los mil animalillos acobardados
que abandoné un día en la calle.
Cuando rabia Camarón
la piel aguanta pero por dentro
soy sangre revuelta,
sangre, sangre, sangre.
16/2/18
Un suponer #poema
Yo debería haber caído ya
en el abismo minúsculo
de la minúscula
rutina;
haberme perdido sin remedio
en el pasillo de las conservas,
sin ofertas,
de algún supermercado.
Debería haber pagado
mis deudas del alma
quebrado como quiebran
los gorriones ciegos.
Yo debería haberme hundido
por debajo de vosotros
y no entiendo por qué
no ha ocurrido aún.
A no ser, claro,
que siga en pie
por tu amor y tu mirada.
Es un suponer, nada más.
en el abismo minúsculo
de la minúscula
rutina;
haberme perdido sin remedio
en el pasillo de las conservas,
sin ofertas,
de algún supermercado.
Debería haber pagado
mis deudas del alma
quebrado como quiebran
los gorriones ciegos.
Yo debería haberme hundido
por debajo de vosotros
y no entiendo por qué
no ha ocurrido aún.
A no ser, claro,
que siga en pie
por tu amor y tu mirada.
Es un suponer, nada más.
16/10/17
Fui a tu casa, Miguel, pero no lloré
Este verano, Miguel, fui a ver tu casa. No estabas. Ya me lo habían dicho. También dicen que te has muerto y será verdad, aunque es mentira que estés en un cementerio. Estás en algunos libros y en algunas verdades. Tú estás a mi lado, con los dientes como un abrazo, porque así es como sonríen los hijos de la tierra.
Llegué acompañado de mi soledad a la habitación que compartías con tu hermano y me entraron unas ganas infantiles de llorar. El aire estaba quieto, no se oía balar a tus cabras y la pintura de las paredes y los techos comenzaba a desconcharse con pereza, como si les pesara el tiempo.
No lloré, no pude. Recogí unas migajillas de desamparo que se me habían caído y me marché, sin entender nada pero echándote, todavía más, de menos.
24/9/17
La mentira de la colombiana
El cante por colombianas no tiene nada directo de Colombia y, al parecer, coge su nombre del título de la primera letra que hizo su creador, Pepe Marchena: 'Mi colombiana', allá por 1931.
Dicen los entendidos que este cante debería llamarse más propiamente ‘colombinas’, ya que tienen mucho de América pero poco de Colombia.
Marchena, en aquellos años de la recién instaurada República, debió de unir un corrido mexicano ('Soy un pobre venadito') y, para la parte final, un zortziko vasco. A todo eso le puso su genio, que por algo se autopresentaba como "el maestro de maestros".
18/9/17
¿Qué es el duende?
Contaba el flamencólogo Félix Grande que una cosa es tener ángel, otra cosa las musas y otra muy distinta el duende. Porque ángel tiene mucha gente, las musas suelen visitar a los artistas de vez en cuando… pero el duende es asunto más grave. Lorca decía que al duende hay que despertarlo en las últimas habitaciones de la sangre.
Y no lo decía Lorca, pero se entiende por pura lógica, para que haya sangre tiene que haber herida. En el flamenco algo se tiene que quebrar para que llegue la sangre hasta sus últimas habitaciones. Es decir, alguien se tiene que quebrar, normalmente por la garganta con un caudal que viene de quién sabe dónde…
25/8/17
Leonard Cohen y una guitarra española
Posiblemente ya conozcáis este discurso de Leonard Cohen, pero merece la pena volverlo a escuchar.
Entrega de los Premios Príncipe de Asturias 2011.12/8/17
Un mar cualquiera

Al niño que fui —frente a él sentado—,
tras mucho perderme y hallarle tarde,
le cuento que la mirada me arde
por las brasas de todo lo pasado.
Me harto de hablarle con gesto cansado
y le reconozco que soy cobarde,
que en ruina concluyó aquel alarde
en juventud y orgullos inflado.
Le pregunto al fin por lo prometido
recordándole que yo he cumplido
y que debe entregarme lo nuestro.
«Aquí tienes el mar, tu mar, lo nuestro
—me dice—, queda lo mío cumplido».
Pero es un mar cualquiera, no el prometido.
25/4/17
Mirar cansa
No quiero mirar lejos, ni cerca.
No quiero mirar atrás, ni a lo que vendrá.
No a la gente por la calle,
no a los gestos importantes,
ni siquiera los detalles,
ni a las hojas que caen en los parques
o de los escritorios,
no quiero mirar los gritos,
las canciones o los llantos.
No quiero mirarte más, vida,
no al menos como te miraba hasta ahora.
Tanto mirar cansa la mirada,
tanto vivir deshila el alma.
Quisiera en este día oscurecerme dentro,
donde está el latido,
donde, a veces, me acompañas.
Y dejar de mirar después.
No quiero mirar atrás, ni a lo que vendrá.
No a la gente por la calle,
no a los gestos importantes,
ni siquiera los detalles,
ni a las hojas que caen en los parques
o de los escritorios,
no quiero mirar los gritos,
las canciones o los llantos.
No quiero mirarte más, vida,
no al menos como te miraba hasta ahora.
Tanto mirar cansa la mirada,
tanto vivir deshila el alma.
Quisiera en este día oscurecerme dentro,
donde está el latido,
donde, a veces, me acompañas.
Y dejar de mirar después.
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