Hay personajes que a uno se le quedan grabados en la memoria. Personajes que, aunque sepultados entre montoneras de recuerdos, de vez en cuando destellan desde lo profundo. Y se te hacen presentes sin saber muy bien por qué. Me ha ocurrido hoy con Fernando Fernández Pantoja, 'Fernando Terremoto'.
Me he acordado de la única vez que tuve la oportunidad de escucharle en directo. Fue hace unos años y en un sitio en teoría tan poco propicio para el flamenco como es el Museo Guggenheim.
Allí estaba con mi hermano. Y no se me olvidará nunca cómo le dije, nada más escuchar el primer quejío de su primer cante, con la emoción rebotándome en los oídos:
- Con esto ya me doy por servido. Ya podemos irnos.
Pocas veces como entonces, en apenas unos segundos, he podido comprobar tan honestamente eso que se dice de que el cante jondo tiene un eco de siglos.








