sábado, 21 de noviembre de 2015

Una tregua

Voy por las limpias calles
chapoteando en mi barro,
mirando las miradas
de la gente,
gritándoles
con la boca cerrada
preguntas
que no me pueden contestar
—porque son tan mías
como las respuestas
que solo yo conozco—.

Voy por las ordenadas calles
con el pensamiento revuelto,
sin saber por qué
ni por qué no,
en paz con nadie
y pisando las aceras
como quien anduviera
sobre truenos.

Cuando voy a doblar
cada esquina
acelero el paso
de forma casi imperceptible,
llevado por un ansia pequeña
que quiero llamar esperanza:

porque todavía sigo creyendo
que, unos metros más allá,
donde las paredes se doblan,
podré encontrar
un rayo de sol
remoloneando
en sus labios,
el eco de la risa
de mis niños,
un yo mejor…
Una tregua.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Merece la pena


En medio del horror ante tanta muerte, mientras el miedo repta viscoso a la altura de las rodillas, uno piensa si ha hecho bien en traer dos criaturas al mundo...
Y entonces recuerdo un poema que escribí hace ya algunos años:

Nosotros te hemos llamado, hijo,
de lo profundo del tiempo
a la luz, al dolor,
a un mundo loco.

Verás almas sucias,
el aire endurecido verás,
miradas sinceras,
soles naciendo y muriendo,
caricias, puertas abiertas,
las marejadas del Cantábrico,
todo eso y más... prepárate.

Nosotros te hemos llamado, hijo,
de lo profundo de nosotros
para algo sencillo:
amarte con furia.