miércoles, 18 de junio de 2014

En apenas unos segundos

Hay personajes que a uno se le quedan grabados en la memoria. Personajes que, aunque sepultados entre montoneras de recuerdos, de vez en cuando destellan desde lo profundo. Y se te hacen presentes sin saber muy bien por qué. Me ha ocurrido hoy con Fernando Fernández Pantoja, 'Fernando Terremoto'.
Me he acordado de la única vez que tuve la oportunidad de escucharle en directo. Fue hace unos años y en un sitio en teoría tan poco propicio para el flamenco como es el Museo Guggenheim.
Allí estaba con mi hermano. Y no se me olvidará nunca cómo le dije, nada más escuchar el primer quejío de su primer cante, con la emoción rebotándome en los oídos:
- Con esto ya me doy por servido. Ya podemos irnos.
Pocas veces como entonces, en apenas unos segundos, he podido comprobar tan honestamente eso que se dice de que el cante jondo tiene un eco de siglos.
Por supuesto que no me fui. Allí me quedé, estremecido. Sí, me estremeció un eco de siglos... Como en ese poema de Ángel González titulado 'Para que yo me llame Ángel González':


Para que yo me llame Ángel González, 
para que mi ser pese sobre el suelo, 
fue necesario un ancho espacio 
y un largo tiempo: 
hombres de todo el mar y toda tierra, 
fértiles vientres de mujer, y cuerpos 
y más cuerpos, fundiéndose incesantes 
en otro cuerpo nuevo. 
Solsticios y equinoccios alumbraron 
con su cambiante luz, su vario cielo, 
el viaje milenario de mi carne 
trepando por los siglos y los huesos. 
De su pasaje lento y doloroso 
de su huida hasta el fin, sobreviviendo 
naufragios, aferrándose 
al último suspiro de los muertos, 
yo no soy más que el resultado, el fruto, 
lo que queda, podrido, entre los restos; 
esto que veis aquí, 
tan sólo esto: 
un escombro tenaz, que se resiste 
a su ruina, que lucha contra el viento, 
que avanza por caminos que no llevan 
a ningún sitio. El éxito 
de todos los fracasos. La enloquecida 
fuerza del desaliento...

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