jueves, 14 de junio de 2012

Bulerías de Miguel

Fieles a nuestro día de las letras flamencas. Versos llenos de vida, llenos de historias donde los sentimientos fluyen desde lo más profundo del alma. Os dejo con la nueva letra.

Unos meses antes, en enero del 36 te había detenido la Guardia Civil por un malentendido y, poco después, Lorca y Cernuda, a pesar de las pocas simpatías que te profesan, se sumaron a Neruda, Salinas, Altolaguirre y otros para firmar un manifiesto en protesta por esa detención. Tú, nada más quedar en libertad, rabioso por el trato recibido de los números de la benemérita, acudes en busca de Rafael Alberti y te afilias al Partido Comunista.
Y con estos pensamientos y con el futuro caudillo levantado ya en armas, y según la idea que tú tenías de cómo debe comportarse un hombre, el 23 de septiembre del 36 te vas con tu cuñado a la calle Francos Rodríguez de Madrid para enrolarte en el Quinto Regimiento, las milicias del PC. Muchos escritores como Alberti o Bergamín forman la Alianza de Intelectuales Antifascistas, a la que podrías haberte unido sin problemas,
para luchar con la pluma y desde la retaguardia… pero no… Guardaste cola durante horas para alistarte como un soldado más, Miguel, y en tu cédula militar, la 7.590, figurabas como zapador, con profesión de mecanógrafo y afiliado al PC con carnet 120.295. Aquellos días vertiginosos del principio de la guerra los pasas cavando trincheras por varios pueblos madrileños, pero también te viste sorprendido en algún
momento de serio peligro para tu vida… como cuando las milicias republicanas retrocedían y un herido gritaba ‘Me dejáis solo compañero’… te lo echaste al hombro y le sacaste entre balas y pólvora para ponerle a salvo y contestarle: ‘No hay quien te deje solo, no hay quien te deje solo compañero’.




Bulerías
De Miguel

Su vida fue toda pena
toda alegría su sangre
sólo cuando le enterraron
calmó la tierra su hambre.

Abría Miguel la boca
y bailaba con el aire
sus palabras abrazaban
los cuerpos de parte a parte.

Oía bajar la leche
de las ubres de sus cabras
porque fue pastor Miguel
antes del frío y las balas.

Cayó herido un compañero
-¡me dejáis sólo!, gritaba.
- Que nadie te deja solo.
Y Miguel ya se acercaba.

Eras de bronce cabrero
¡quién te hubiera conocido!
¡quién fuera tu compañero!

No hay comentarios:

Publicar un comentario