miércoles, 15 de febrero de 2012

Antonio

En lo más profundo de ninguna parte, donde el amor es penumbra, hay una habitación. En la habitación, en una esquina, un hombre con una ropa cenicienta y un corazón bueno. Está sentado tranquilo, frente a una chimenea en la que se balancea quedamente un fuego diminuto. Está pensando en su niña Leonor. Yo acudo de vez en cuando y, cuidadoso, me siento junto a él, a dejarme morir un poco antes de morirme del todo.


"Mi infancia son recuerdos..."

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