domingo, 6 de marzo de 2016

Hacia Escila y Caribdis




«Lejanas las noches de Troya, van desdibujándose en el recuerdo las bajezas que allí cometimos. Vuelvo manchado de guerra y pienso en ellos. Mi buena y valiente mujer. Mi niño… será un hombre y se habrá convertido en el defensor de mi casa, esperando mi vuelta. Este mar parece no tener fin. Nuestro rey, el buen Ulises, nos manda aplicarnos a los remos. Vamos directos hacia ese estrecho canal. Dicen que Circe ha advertido de que será mejor perder seis hombres que toda la nave. Y tengo un mal presentimiento».
El griego agarró el remo y bogó con determinación. La embarcación avanzó hacia Escila y Caribdis.

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