lunes, 8 de febrero de 2016

Vieja encina

Se ha cansado de su altura
la vieja encina
en la que pintaban los niños
risas y plegarias.

Y el oscuro manantial
donde respiraban sus raíces
se ha vestido de una sangre
que salpica siete torres de niebla.

Los humildes guijarros, quietos,
susurran ásperas canciones
con las que comercia
un viento vuelto del revés.

Un gorrión con alas de plomo
quiere llorar y no puede
porque se le ha llenado
la garganta de corteza.

2 comentarios:

Natalia Ruiz dijo...

Lo que se escribe en el alma de alguien queda para siempre.
Y tú lo acabas de hacer.

Natalia Ruiz dijo...

Lo que se escribe en el alma de alguien queda para siempre.
Y tú lo acabas de hacer.

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