domingo, 3 de mayo de 2015

Salamandras

Sola entre la gente, soledad multiplicada,
Aquella mujer era una pared de niebla
Lúgubremente preparada para rendirse
A los tristes tambores de la rutina.

Mañanas de lunes los domingos,
Arañazo el otro lado de la cama
Nunca por hombre calentada ni desecha,
Dolor de vértice deseoso de empuje y espuma.

Rosa con las espinas intactas, así era ella,
A la noche reclamó y fueron sus quejas
Salamandras mendigando una pizca de luz.


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