lunes, 15 de diciembre de 2014

Cien años no es nada



Es una historia muy conocida de los amantes del flamenco. Cuentan del mítico Silverio Franconetti que pasó una temporada en América y que, al volver, no era fácil reconocerle tras las largas barbas y los ropajes de indiano rico.

Silverio contrató a un grupo de gitanos para que le cantaran y tocaran. En un momento, pidió que le tocaran por seguiriyas y se arrancó, ante el estupor de todos los presentes.
Bueno, no de todos. Una vieja gitana no parecía muy convencida de lo que acababa de presenciar. Silverio le preguntó si le pasaba algo y si no le había gustado cómo había cantado. La respuesta: “Sí, me ha gustado, pero… pero es que tiene los pies mu grandes”.
Esto fue hace más de un siglo y dicen que las personas tropezamos siempre con la misma piedra, aunque sea muchas generaciones después.
Hace unos días estuvimos en un recital de Miguel Poveda y lo reflejamos en las redes sociales, ensalzando las virtudes de este cantaor catalán.
Uno de los comentarios que pude leer a nuestra información me llamó poderosamente la atención. Decía: "En los conziertos es un pokiko jambo" (sic).
Cien años no es nada.
Por cierto, El Fillo (que supongo que no era jambo), se encerró con Silverio en un cuarto y se dedicaron a cantar como en una especie de desafío hasta que no pudieron más. Después, El Fillo se dedicó a anunciarle a todas las familias gitanas que había un payo, con un nombre muy raro, que cantaba mejor que todos y cada uno de los cantaores de la historia.
En fin, aquí debajo os dejo unas bulerías del jambo, aunque solo un pokiko.

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