lunes, 14 de abril de 2014

Un campesino camino del exilio (1939)

Llegada del Sinaia a Veracruz (Méjico).
Ocurrió en el Atlántico, ese ancho pasillo por el que navegaban muchos sueños y bastantes fracasos. El vapor Sinaia cruzaba este océano de valientes a principios de junio de 1939 rumbo a México, cargado de exilio español.
Así llegó al puerto de Veracruz la primera expedición de republicanos que, acogidos por el presidente Lázaro Cárdenas, llegaron a sumar unos 30.000 tras 17 viajes.
Muchos eran intelectuales y su acogida supuso un gran impulso cultural para Méjico. 
En aquel primer crucero, en el Sinaia, había algo más que intelectuales.
Fue el caso de un campesino andaluz que puso al mal tiempo buena cara. En el saco de la tristeza lleva muchos bultos: dos de sus hermanos habían muerto en el frente y también había muerto su madre, consumida por la pena.
Él se creció y, en alpargatas y camino del exilio, dijo (tal y como quedó registrado en el diario de a bordo):
-          ¡A mí que me den un azadón! Lo demás corre por mi cuenta.


COLOMBIANA DEL CAMPESINO EXILIADO

Mañana veremos México
no llores más compañera,
en volver a sonreír
tú vas a ser la primera,
tira tus penas al agua
que las coja quien las quiera.

Dejadme un trozo de tierra
y pa´ la mano un azadón
que de buscar sol y lluvia
ya me iré ocupando yo,
no va a pedir más limosna
un campesino español.

Allí vivo

En un planeta raro,
manojos de tierra dura,
continentes de angustia.

En un país salino,
ciudad del desamparo,
barrio amargo.

En la plaza abandono,
junto a la esquina de la pena...
Casa Esperanza.

Allí vivo.