martes, 2 de octubre de 2012

Tararear

El otro día me dijo el cantaor de Logroño que había visto en directo a Miguel Poveda. Me contó su fascinación ante un espectáculo de un artista con mayúsculas. Nada que objetar.
Pero me hizo pensar.
¿Dónde encuentro yo la verdad en el flamenco? ¿Cuál es mi verdad?
Pues es una verdad muy particular, muy íntima y, por lógica, bastante poco exportable.
Cuando el cante realmente me conmueve y me deja dolido pero limpio es cuando sorprendo a mi padre, desprevenido en cualquier lugar, tarareando a media voz una soleá de Tomás Pavón que parece indestructible. O esa Malagueña que mi hermano mastica con insistencia.
O cuando a mi tío se le escapa un Fandango de El Gloria que abriga de la desolación del mundo.
Me deslumbra Poveda, Menese o Mercé.
Pero quien me conmueve es quien tararea.

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