domingo, 25 de febrero de 2018

La vieja higuera

(Evocación de Berango)
Cortaron la vieja higuera a la que me subía cuando niño, acompañado de otros niños, para hincharme de felicidad e higos. Cuando me subía a aquel árbol, cuando todavía niño y ajeno aún a las metáforas femeninas de su fruto, la vida y el mundo eran redondos —ahora una es espinosa y el otro achatado por los polos—.
La calle era mucho más grande entonces, el barrio era una inmensidad de distancias y amigos, las tardes de verano eran elásticas. La vuelta al lugar donde tanto reí, era previsible, me dejó clavado cuando noté su falta. Un breve apelotonamiento de hierbas ocupa el lugar donde mi vieja higuera había estado tantos años atenta a las estaciones, cumpliendo su mandato vegetal y milenario.
¿Qué habrá sido de su madera, de sus hojas y de sus frutos que nadie comerá?
Cortar una higuera debe de ser algo perfectamente rutinario para quien maneja motosierras. Lo mismo serán nuestras infancias para el tiempo. Quiero decir que el tiempo, tan aficionado a pasar, cortó mi infancia en un ejercicio perfectamente rutinario.

jueves, 22 de febrero de 2018

A solas con José Monje

Cuando me quedo a solas
con José Monje es todo
como una madrugada rota
de un cielo tan triste que tiene alma.

Llueven yunques
que se precipitan
con deleite homicida
sobre la cal de mis viejas paredes.

El corazón se agita
y pide clemencia
para los mil animalillos acobardados
que abandoné un día en la calle.

Cuando rabia Camarón
la piel aguanta pero por dentro
soy sangre revuelta,
sangre, sangre, sangre.

viernes, 16 de febrero de 2018

Un suponer #poema

Yo debería haber caído ya
en el abismo minúsculo
de la minúscula
rutina;

haberme perdido sin remedio
en el pasillo de las conservas,
sin ofertas,
de algún supermercado.

Debería haber pagado
mis deudas del alma
cayendo como caen
los gorriones ciegos.

Yo debería haber caído
por debajo de vosotros
y no entiendo por qué
no ha ocurrido aún.

A no ser, claro,
que siga en pie
por tu amor y tu mirada.
Es un suponer, nada más.